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Es peruano pero, con tanto tiempo en Venezuela podría creerse que es más criollo que un pepito larense, porque su historia con este país empezó en Barquisimeto.

Corría el año 1968 cuando el general Juan Velasco Alvarado dio un golpe de Estado en el Perú. Parte de su programa de reforma agraria, incluía la expropiación de tierras. El padre de Ricardo Peschiera fue víctima de estas decisiones dictatoriales al verse despojado de sus propiedades y por esta razón decidió, en 1970, buscar algún país de Latinoamérica que le diera la oportunidad para empezar de nuevo. Él tenía 40 años, su esposa 35 y seis hijos. Todo el continente estaba plagado de dictaduras a excepción de Venezuela que además ofrecía oportunidades a inversionistas.

Organizó a su familia y en 1975 llegó al país radicándose en Barquisimeto, estado Lara. En principio, el plan era quedarse durante cinco años hasta que cambiara el gobierno y entonces regresarían. Han transcurrido cuatro décadas desde que Ricardo llegó a Venezuela y hasta el momento no tiene planes de retorno.

Aunque Ricardo se dedica a la importación de minerales provenientes del Perú como cobre, zinc, plomo y estaño, hay que destacar que su familia tuvo una de las bodegas más antiguas de las Américas en su tierra natal, la “Hacienda La Caravedo”, fundada en 1684. Ya no pertenece a la familia Peschiera, pero produce vinos y espumosos y es la única que durante un tiempo elaboró el único pisco orgánico gracias a su hermano Rodrigo, quien estudió en Napa, California. Hoy nadie produce pisco orgánico.

En la residencia de la Embajada del Perú tuvo la oportunidad de probar unos vinos procedentes de las Bodegas Tabernero, propiedad de la familia Rotondo y muy cercana a los Peschiera, por lo que se le ocurrió que Venezuela merecía recibir botellas de estas bebidas peruanas.

Es por eso que la marca trabaja para poder llegar a los anaqueles venezolanos. En adelante, Peschiera apostará por los vinos, espumosos y piscos que deleitarán los paladares criollos de la mano de Bodegas Tabernero, ubicada en el Valle de Chincha, una de las mejores del Perú y que funciona desde 1897.